En estos días de puente, mucha gente ha aprovechado para viajar, hacer excursiones o desplazarse a ver familiares y amigos. Otros, se ha quedado en casa (como ha sido nuestro caso) y hemos tenido la oportunidad de compartir nuestra compañía, con personas que se sienten solas.
Esta foto, que además tiene ya más de tres meses, significa para mí lo que es la soledad deseada, y sólo sirve para ilustrar ese momento que robas de donde no hay y que te permite disfrutar con algo que te distrae y te entretiene.

Para cada uno de nosotros tiene su significado, ver tu serie favorita, enfrascarse en la lectura de un libro apasionante, ir al cine a esa película "rara" a la que nadie te quiere acompañar, irte de compras un viernes por la tarde después de haber terminado la jornada semanal, tomar un café y leer el periódico en el desayuno...Esos ratos de silencio o bullicio, según la opción elegida, son agradables cuando son elegidos por uno. Pero no siempre es así.
Después del nacimiento de Asier, mi revolución física y mental ha sido notable (sois testigos) y aunque he sufrido mucho y seguiré como todo hijo de vecino cuando esté recuperada, me ha servido para enseñarme lo que es la condescendencia y la empatía. Hay personas que están solas no porque necesiten ese rato robado del estrés diario, sino porque la soledad les ha sido impuesta y para ello hay múltiples motivos.
Esta soledad gris, cambia un poco de color, cuando los afortunados en estar con nuestros seres queridos o pequeñas familias, compartimos nuestro tiempo con ellos y sobre todo los escuchamos y entretenemos.
Al despedirnos con una sonrisa y un abrazo, nos queda también en la retina, su mirada algo más alegre, su tranquilidad al ver que no están solos, que pueden contar contigo.
Este fin de semana, hemos alegrado un poquito a la abuela, con café, dulces y fotos antiguas. También a nuestro amigo A, con una larga sobremesa, dejándolo hablar de su dolor y hablando de como liberarnos de nuestras ataduras.
¡Cambiemos de color los sentimientos!